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La Osset Romana volvió a asentarse en Chaboya dos milenios después

jornadas Roma reducidas (2)

La Osset Romana volvió a asentarse en Chaboya dos milenios después

#Ciudadanía #Cultura #Turismo 16/11/2024

Juegos romanos, la legión IX Hispana, Gladiadores, mercado de artesanos romanos y una visitas teatralizadas que recorrían las tres culturas principales que ocuparon el territorio de San Juan de Aznalfarache a lo largo de los últimos milenios. Así fueron las Jornadas de Recreación Histórica que se celebraron en el cerro Chaboya, justo en la zona por la que discurría el camino del Aljarafe que unía la localidad con Hispalis o con Isbiliya.

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La plaza de Otto Engelhardt, la del doctor Muñoz Cariñanos y, por supuesto, el Centro de Interpretación Arqueológico fueron el escenario de esta recreación de la época romana en nuestro pueblo. El centro de las jornadas fueron las visitas teatralizadas al interior del edificio que alberga los restos de las culturas que han pasado por San Juan. Allí, cada hora, los visitantes eran recibidos por un turdetano, una romana y un musulmán que, entre ellos se disputaban el honor de haber sido la cultura más importante que había pasado por la historia de San Juan.

Al acercarse al entorno, justo a las puertas del Centro Arqueológico, un señor pedaleaba sin descanso para mover el tiovivo en el que disfrutaban los más pequeños de unas vueltas generadas por energía limpia, la que era capaz de proporcionar este "ciclista romano". También gracías a la energía humana se movía una noria y una "barca romana" que se convirtió pronto en el objeto de deseo de los más pequeños, aunque algunos reclamaban más velocidad, acostumbrados a los barcos vikingos de la Feria.

En la plaza se podía disfrutar de juegos antiguos, rudimentarios, pero capaces de plantear retos que debes resolver ineludiblemente antes de dar paso al siguiente jugador: la bola doble, la T, las Cabras, la Serpientes, Jerga o Estático. Poco a poco se iban sumando otros divertimentos y a mediodía llegó el momento del tiro con arco o de los aros, antes de que por la tarde comenzarán las peleas y talleres de gladiadores.

En el mercado, los artesanos se esforzaban por atraer la atención de los visitantes hacía sus telas, sus cerámicas, las espadas o incluso hasta la forja en la que se trabajó durante toda la jornada. En el centro de la plaza una biga presidía todo el improvisado poblado, vigilando la buena marcha de las jornadas y haciendo las delicias de los pequeños que se atrevían a montarse en el carro junto al auriga.